Deformidades angulares

Entendemos por una deformidad angular una alteración en el alineamiento fisiológico de una extremidad. Generalmente, además del defecto estético, las consecuencias de este defecto suelen ser cojera de intensidad variable, alteraciones de la postura o dolor articular derivado de la incongruencia asociada o apoyo anormal del miembro afectado.

En la mayoría de casos la deformidad es originada por un crecimiento anormal de uno o más  huesos. Cuando esta deformidad progresa y es excesiva motiva la aparición de una cojera funcional. El crecimiento inadecuado puede deberse a múltiples factores como estímulos traumáticos (caídas o golpes), factores genéticos, o desórdenes nutricionales entre otros.

En otras ocasiones la alteración del alineamiento óseo tiene lugar en un paciente adulto no como consecuencia de un desarrollo anormal, sino como resultado de una malaunión ósea tras una fractura por ejemplo.

Es mucho más común encontrar deformidades angulares en el miembro torácico que en el pelviano. Normalmente la aparición de la desviación es progresiva y será la alteración postural, la cojera variable y el defecto estético, los que alertarán a la familia del paciente.

El estudio de estas patologías es complejo y precisa de una evaluación multimodal, iniciando todo el proceso con un examen ortopédico completo, continuando seguidamente con un estudio de imagen radiológico y tomográfico en la mayoría de casos, realizados estos últimos bajo sedación o anestesia general. Suele ser muy interesante emplear las reconstrucciones tridimensionales a partir del estudio tomográfico de las estructuras óseas afectadas, así como la impresión 3D de dichos huesos, para establecer un plan terapéutico preciso. Además gracias al trabajo estrecho junto a ingenieros biomédicos disponemos la posibilidad de diseñar guías customizadas que nos permiten asistir los procedimientos quirúrgicos necesarios para corregir la deformidad.

Los objetivos del tratamiento de las deformidades angulares son:

  1. Reducir el dolor: se consigue al restablecer la congruencia articular y relación entre las estructuras óseas afectadas.
  2. Corregir cualquier desviación angular o rotacional previa
  3. Prevenir deformidades mayores en pacientes en crecimiento

El tratamiento puede ser muy variable dependiendo sobre todo del grado de desviación y la edad del paciente. Entre las opciones, de menor a mayor invasividad encontramos las siguientes:

  1. Observación y seguimiento: en aquellos casos más leves donde la sintomatología prácticamente es inexistente puede ser necesaria únicamente una monitorización en el tiempo para estudiar posibles cambios y cambios en el enfoque terapéutico.
  2. Cambios en la dieta y actividad física: pueden ayudar a modular el crecimiento musculoesquelético en pacientes en desarrollo, favoreciendo el fortalecimiento muscular y la mejoría postural.
  3. Férulas y ortesis: pueden ayudar a corregir o mejorar ciertas desviaciones, ya sea de forma primaria, o como apoyo al manejo quirúrgico.
  4. Cirugía: en casos graves o cuando otras alternativas terapéuticas no han resultado efectivas será necesaria la corrección quirúrgica de la desviación. Normalmente se lleva a cabo utilizando diferentes osteotomías (cortes en el hueso) para seguidamente alinear las estructuras óseas y estabilizarlas mediante diferentes sistemas de osteosíntesis. Con frecuencia estos cortes y alineamiento óseo se realizan empleando unas guías customizadas para cada paciente, que son creadas por ingenieros biomédicos. Todo ello permite ejecutar estos complejos procedimientos de una manera precisa, optimizando los resultados finales.

El pronóstico será variable dependiendo de los siguientes factores:

  • La gravedad y la ubicación de la desviación angular.
  • La edad del paciente y si ha completado o no su crecimiento.
  • La causa subyacente de la desviación.
  • Tratamiento indicado y realizado.

En casos leves, con un tratamiento adecuado, la mayoría de pacientes puede llevar una vida normal y activa. En los casos más complejos, gracias a los avances en cirugía, en muchas ocasiones se consiguen resultados funcionales satisfactorios. En los casos donde no se realice un tratamiento adecuado o el mismo fracase, el paciente podría experimentar dolor crónico, y dificultades para caminar o moverse.

Por todo ello, ante la sospecha de una alteración de este tipo, es fundamental que un profesional veterinario especializado valore con detenimiento al paciente de manera temprana.