Senda es una Pastor Alemán de 8 meses de edad. Se presenta en nuestro centro con una cojera de no apoyo del miembro pelviano derecho tras haber sufrido un atropello.
¿Qué detectamos en el examen?
En la exploración ortopédica inicial, además de la cojera descrita, se detecta una inflamación marcada en la región de la rodilla derecha, acompañada de crepitación e inestabilidad articular grave. Estos hallazgos hacen sospechar una lesión compleja a nivel de la articulación femorotibial.
¿Qué pruebas realizamos?
Como primer paso diagnóstico realizamos un estudio radiológico. En las radiografías se apreciaba una fractura femoral articular, aunque por su morfología es difícil de definir con precisión. Por este motivo, se decide completar el estudio con una tomografía computarizada (TC), herramienta fundamental en este tipo de lesiones complejas.

La TC confirma el diagnóstico: una fractura articular del cóndilo medial del fémur. Se trata de una fractura poco frecuente y especialmente compleja. La fractura compromete directamente estructuras articulares como el menisco medial y el ligamento cruzado anterior. Esto aumenta la dificultad quirúrgica y exige una correcta reconstrucción.
¿Cómo se trata la fractura?
El tratamiento fue quirúrgico y consistió en la reducción anatómica y estabilización de los fragmentos óseos. Se coloca un tornillo con arandela y agujas de Kirschner. Todo el procedimiento se realizó con asistencia de fluoroscopia intraoperatoria, lo que nos permitió garantizar una colocación precisa y óptima de los implantes, respetando la congruencia articular.


El resultado quirúrgico fue muy satisfactorio. Tras unas pocas semanas de reposo y control postoperatorio, SENDA mostró una evolución excelente, recuperando progresivamente la funcionalidad del miembro. Una vez comprobado que se encontraba clínicamente estable y que las radiografías evidenciaban una correcta cicatrización ósea, le dimos el alta médica.
¿Cómo evolucionó?
A pesar de la complejidad de la lesión inicial, hoy SENDA ha vuelto a hacer una vida completamente normal, demostrando una vez más cómo un diagnóstico preciso y un abordaje quirúrgico adecuado pueden marcar la diferencia en traumatología veterinaria.